Vivo en Madrid hace solamente 2 años, pero estoy más que familiarizada con los costumbres y el ritmo de vida de la gente aquí. Y como una madrileña castiza, castiza, que me convertí, no puedo dejar de frecuentar, encantada, los bares típicos – con sus jamoncitos colgados, sus tapas increíbles y un personaje detrás de cada barra. 

 Entre caña y caña, conocí el famoso “Boñar de León”, en Noviciado. Famoso por su simplicidad, por sus precios justos y por la cantidad de comida que te ponen. Sin embargo, se puede cenar tranquilamente solamente con las tapitas que acompañan las jarritas de cerveza.


 Las tapas son normalmente algún pescadito frito, cocido madrileño, paella. La calidad, desde luego no es la mejor, pero la cantidad y el ambiente hacen que todo valga la pena. Comer ahí es todo un acontecimiento, es una fiesta. Los camareros parecen viejos amigos nuestros y los clientes, siempre muy animados, como parte de nuestra familia.

Y si después de toda la jornada quedar algún espacio en el estomago, puedes intentar comer de tirón el cocido leonés del Boñar. Si lo logras, el dueño te regala un billete a Canarias. ¿Qué te parece?

Con las cantidades brutales que se está habituado a ver por allí, creo que nadie ha podido, o mejor, ha querido intentar.

No te extrañes si al salir el camarero venga corriendo a preguntarte si has olvidado un paraguas que no existe. Siempre gasta la misma broma y todos se parten de risa. Es todo un clásico, sí señor.

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fernandad

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